El Día de los Fieles Difuntos es un tanto más tardío y no se originó en
Roma, sino en Francia: comenzó en el Gran Monasterio de Cluny, el 2 de
noviembre de 998, cuando san Odilo, su quinto abad, decidió rezar por el
descanso de "todos" los muertos.
Hasta allí, en Cluny, se estilaba celebrar los "psalmi familiares", o
preces por los protectores laicos, vivos o difuntos, pertenecientes a
los linajes aristocráticos europeos, porque esto favorecía las
donaciones de los poderosos, muchos de los cuales formaban parte de la
orden. Lo que hizo san Odilo fue "democratizar" los psalmi,
extendiéndolos un día al año a todos los finados, pobres incluidos.
La iniciativa caló profundamente en Francia, pero Roma recién la adoptó
en el siglo XIV y gradualmente se expandió a toda la Iglesia: en el
siglo XV llegó a España y de allí pasó a América, donde se entroncó con
las tradiciones indígenas.
Bastante después, el papa Benedicto XV (1914-1922) les dio a los curas
la posibilidad de ofrecer tres misas el 2 de noviembre: una por las
pobres ánimas, otra por las intenciones del Papa y la otra por las
intenciones del sacerdote.
Cabe distinguir que si el 1 de noviembre los católicos les rinden culto a
todos los santos, el 2 de noviembre rezan por todos los difuntos, pero
no les rinden culto, porque la Iglesia no le rinde culto a la muerte.
Para comprender esto, valga aclarar que coexisten en ella tres estados:
la Iglesia Peregrina, constituida por los que están vivos; la Iglesia en
Purgatorio, conformada por los difuntos que aun no han ido al cielo y
por los que se ora el 2 de noviembre, Día de Todos los Muertos; y la
Iglesia Triunfante, glorificada y en el cielo, que son los santos que se
memoran el 1 de noviembre.
Pero hace 3.000 años, tanto en la Europa celta como en la América
precolombina, era al revés: se les rendía culto a los muertos, no a los
santos, aun inexistentes.
En Mesoamérica, aztecas, mayas, purépechas, nahuas y totonacas,
conservaban los cráneos como trofeos y los mostraban durante los
rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento.
El festival que luego se convirtió en el Día de los Muertos caía en el
noveno el mes del calendario solar azteca, cerca del comienzo de agosto;
era presidido por el dios Mictecacíhuatl o Dama de la Muerte; y se lo
celebraba durante un mes completo.
Cuando los conquistadores llegaron a América en el siglo XV, movieron el
festival a inicio de noviembre, para que coincidiese con las
celebraciones católicas del Día de Todos los Santos y de Todos los
Muertos.
MARCELA