Sus padres y hermanos - Por José A. Torre Revell (1893-1964)
El Padre: Don Juan de San Martín
En el antiguo reino de León -cuyas vicisitudes históricas corren parejas con el de Castilla- nacieron los padres del Libertador.
En el pueblo de Cervatos de la Cueza nació don Juan de San Martín y
Gómez, un 3 de febrero de 1728, hijo de Andrés de San Martín e Isidora
Gómez. La aldea se levanta en la comarca de la Cueza, por donde
atravesaba una calzada romana, y cuyo nombre lo toma por el del río que
la cruza. El investigador Eugenio Fontaneda, a quien seguimos en parte
de esta exposición, supone que debió existir una antigua fortaleza
Celta, origen de la actual población, en las cercanía del que fuera
solar de los San Martín, hoy casa-museo salvada para la posteridad por
el mismo autor.
Se trata de una morada noble castellana, austera, fuerte,
construida de adobe, con tapial revestido de barro y paja, y concebida
para guardar de los fríos de invierno. De este tipo de edificación cabe
decir, como observó González Garrido, que fue llevada a América por
Alonso de Ojeda, Juan de Garay y el mismo Juan de San Martín
convirtiéndose, allende los mares, en la "técnica criolla por
antonomasia".
Cervatos es, probablemente, la cuna del apellido San Martín.
Parece ser originario del nombre de un santo hidalgo caballero andante,
San Martín de Tours.
El mismo que providencialmente, fue patrono de la ciudad de
Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, hoy Buenos Aires,
Capital de la República Argentina.
El hogar donde naciera Juan de San Martín era morada de humildes labradores.
Al amparo de sus mayores, fortaleció su noble espíritu de
cristiano y cuando cumplió dieciocho años, algo tarde para lo
acostumbrado en la época, dijo adiós a sus buenos padres, orgulloso por
ingresar en las filas del ejército de su patria, para seguir las
banderas que se trasladaban de uno a otro confín del mundo.
El joven palentino se incorporó al Regimiento de Lisboa como simple soldado.
Inició su aprendizaje militar en las cálidas y arenosas tierras de
Africa (al igual que lo haría su hijo José Francisco), donde realizó
cuatro campañas militares. El 31 de octubre de 1.755 alcanzó las jinetas
de sargento y, seis años más tarde, las de sargento primero. Cuando
después de guerrear en tierras de las morerías regresó a la metrópoli,
siguió a su regimiento a través de las distintas regiones en que
estuviera de guarnición. Así le vemos actuar en la zona cantábrica y en
la fértil Galicia, en la activa y fértil Guipúzcoa, en la adusta y
sobria Extremadura y en la alegre Andalucía. Era Juan de San Martín un
soldado fogueado y diestro en los campos de batalla cuando, en 1764, se
le destinó para continuar sus servicios en el Río de la Plata. Cuando el
21 de octubre de 1764 se regularon en Málaga los servicios de Juan de
San Martín, se le computaron diecisiete años y trece días en campañas. A
raíz de su meritoria foja de servicios, se le ascendía a oficial del
ejército real con los galones de teniente, cuyo título le fue extendido
el 20 de noviembre de 1764. Su embarque con destino al Río de la Plata
lo debió efectuar en Cádiz.La carrera militar de Juan de San Martín es,
pues, aparentemente modesta; pero, en la hondura de su abnegada vida, se
puede percibir el anuncio de las virtudes heroicas de su hijo menor,
José Francisco.
Cuando desembarcó en el Riachuelo ejercía las funciones de
gobernador Pedro de Cevallos, quien le confió el adiestramiento e
instrucción del Batallón de Milicias de Voluntarios Españoles, hasta
que, en mayo de 1765, lo destinó al bloqueo de la Colonia del Sacramento
y del Real de San Carlos. Permaneció en esa zona hasta julio de 1766,
en que se le confió la comandancia del Partido de las Vacas y Víboras,
en la actual República Oriental del Uruguay.
En ese nuevo destino prestó imponderables servicios en la
persecución del contrabando. En 1767 ocurrió el extrañamiento de los
jesuitas con la confiscación de los edificios y toda suerte de bienes
que poseían en España y en América.- Los religiosos tenían en la actual
República Oriental del Uruguay, dependiente del Colegio Belén de Buenos
Aires, una extensa y bien poblada estancia llamada "Calera de las Vacas"
-que fue conocida después con el nombre de "Las Huérfanas"-; se
extendía ésta por el norte hasta el arroyo de las Vacas, al este lindaba
con el Migueletes y el San Juan y al oeste y suroeste con el caudaloso
Río de la Plata.
En ese rico latifundio de cuarenta y dos leguas cuadradas,
pastaban por millares distintas especies de ganado. El entonces
gobernador Francisco de Paula Bucareli y Ursúa, le confirió al teniente
San Martín la ocupación de la referida estancia, encargándole después su
administración, que desempeñó hasta 1744, haciendo aumentar en forma
extraordinaria sus beneficios.
Al mismo tiempo que Juan de San Martín ejercía las funciones de
administrador, no dejó inactivas sus funciones militares, cooperando de
acuerdo con órdenes de sus superiores en el bloqueo establecido
permanentemente por España a la Colonia del Sacramento.
El gobernador Bucareli otorgó el 10 de abril de 1769 al padre del
Libertador, el empleo de ayudante del Batallón de Voluntarios de Buenos
Aires, que confirmó el monarca por título expedido en San Lorenzo el
Real el 30 de octubre de 1772.
Varios hechos trascendentales ocurrieron en la vida de nuestro
personaje durante su actuación n el Uruguay. Su casamiento con Gregoria
Matorras y el nacimiento deç sus tres hijos mayores.
El matrimonio se realizó en el palacio episcopal, estando a cargo
del obispo titular, Manuel Antonio de la Torre, el 1º de octubre de
1770. Los nuevos esposos se reunieron en Buenos Aires el día 12 de
octubre de ese año, trasladándose poco después a Calera de las Vacas.
Allí formaron su hogar y en ese lugar, en octubre nacieron tres de sus
hijos: María Elena, el 18 de agosto de 1771; Manuel Tadeo, el 28 de
octubre de 1772 y Juan Fermín Rafael, el 5 de octubre de 1774.
Cuando el teniente Juan de San Martín cesó en las funciones de
administrador de la estancia de Calera de las Vacas, el gobernador de
Buenos Aires, Juan José de Vértiz y Salcedo, lo designó el 13 de
diciembre de 1.774 teniente gobernador del departamento de Yapeyú,
haciéndose cargo de sus nuevas funciones "desde principios de abril de
1.775."
Yapeyú había sido una de las reducciones más florecientes y ricas
en tierras y ganados, que fundó la acción fervorosa y ejemplar de los
padres de la Compañía de Jesús. Fue erigida a iniciativa del provincial
P. Nicolás Mastrilli, con la cooperación del mártir y beato P. Roque
González de Santa Cruz, superior de las misiones del Uruguay, y el P.
Pedro Romero, su primer párroco. Su instalación se efectuó el 4 de
febrero de 1.627, junto al arroyo llamado Yapeyú por los indígenas,
bautizándose con el nombre de Nuestra Señora de los Reyes Magos de
Yapeyú.
Yapeyú fue baluarte de civilización y del cristianismo frente a
los indomables indígenas, como los charrúas y los yaros, y t ambién lo
fue contra los temibles bandeirantes, hordas de hombres blancos que
vivían al margen de toda ley humana y que a sangre y fuego sembraron el
terror y la muerte, asolando a las incipientes misiones.
Con el correr de los años, Yapeyú se convirtió en uno de los
pueblos más ricos de las misiones. Poseía estancias en ambas bandas del
río Uruguay.
El pueblo quedó casi abandonado después de la expulsión de los misioneros de la Compañía de Jesús.
Dos nuevos vástagos aumentaron la familia San Martín-Matorras en
Yapeyú: Justo Rufino, nacido en 1776, y nuestro Libertador, José
Francisco, que vio la luz el 25 de febrero de 1778.
Siendo el pueblo de Yapeyú fronterizo a zonas de litigio, sus habitantes vivían bajo continuas amenazas de guerra.
El nuevo mandatario, Juan de San Martín, desde que ocupara la
tenencia, activó la organización de un cuerpo de naturales guaraníes
compuesto por 550 hombres, que al ser revistados por el gobernador de
Misiones, Francisco Bruno de Zabala, le hicieron decir que era como la
más arreglada tropa de Europa. Esas fuerzas, adiestradas por el teniente
San Martín, se destinaron a contener los desmanes de los portugueses y
las acometidas de los valerosos y aguerridos charrúas y minuanes.
Merced a un informe emitido por el Virrey Vértiz, Juan de San
Martín ascendió al grado de capitán del ejército real, por título que se
expidió en El Pardo el 15 de enero de 1.779. Cuando este despacho llegó
a sus manos hacía algunos meses que había cumplido cincuenta y un años
de edad.
El constante estado de intranquilidad en que se vivía en la región
motivó el traslado de Gregoria Matorras de San Martín a Buenos Aires,
trayendo consigo a sus cinco hijos. En la capital se le reuniría su
esposo en los primeros meses de 1781. El capitán San Martín, con
actividad y celo encomiables no sólo puso en estado de defensa el
departamento a su mando, sino que lo impulsó por las vías del progreso,
realizando diversas obras de carácter público.
Terminada su actuación en Yapeyú, el capitán San Martín embarcó
con rumbo a Buenos Aires el 14 de febrero de 1781, volviendo a reunirse
entonces con su esposa e hijos e incorporándose de nuevo a las filas del
ejército para ejercer las funciones de ayudante mayor de la Asamblea de
Infantería. Desde Buenos Aires, el 18 de agosto, se dirigió por escrito
al virrey Vértìz, a la sazón en Montevideo, ofreciéndose para cualquier
servicio o bien para instruir a los naturales, en cuyo ejercicio se
había distinguido durante su residencia en Yapeyú.
El padre del Libertador se dirigió a las autoridades superiores de
la Corte pidiendo la correspondiente licencia para embarcarse con su
familia con destino a la metrópoli. Le fue concedido lo solicitado por
Real Orden, expedida el 25 de marzo de 1783. Casi un cuarto de siglo de
constante actividad había consagrado a las regiones del Plata el
veterano soldado; había actuado en campañas militares que acreditaron su
valentía y había administrado con suma pureza bienes confiados a su
cuidado.
En abril de 1784, Juan de San Martín llegaba a Cádiz; retornaba al
suelo patrio con su mujer y cinco hijos. Los cuatro varones, al igual
que su padre, abrazarían la carrera de las armas, pero de todos ellos,
sólo el benjamín daría gloria inmortal al apellido paterno.
En Málaga pasaría los últimos años de su existencia, mientras sus
hijos avanzaban en edad y aspiraciones. En esa ciudad iniciaron o
completaron, en parte, los estudios los jóvenes hermanos San Martín. Con
los ojos mirando más allá de los mares, Juan de San Martín exhalaba, el
4 de diciembre de 1796, su último suspiro. Se hizo constar que no había
testado y que habitaba en un lugar de Málaga conocido por Pozos Dulces,
camino de la Alcazabilla.
La viuda del antiguo teniente de Yapeyú, al mes siguiente del
óbito de su esposo, dirigió una instancia al monarca Carlos IV en la que
solicitaba una pensión. En 1.806. gestionó e insistió para que la
reducida pensión que disfrutaba, de 175 pesos fuertes anuales, fuera
transferida a su hija después de su fallecimiento. El rey resolvió no
acceder a lo solicitado. Sus restos descansan hoy en el cementerio dela
Recoleta de Buenos Aires.
La Madre: Gregoria Matorras
La madre del futuro Libertador, doña Gregoria Matorras del Ser,
fue el sexto y último vástago del primer matrimonio de Domingo Matorras
con María del Ser. Fueron sus hermanos mayores: Paula, Miguel,
Francisca, Domingo y Ventura. Vino al mundo el 12 de marzo de 1738, en
el pueblo de la Región de Palencia, Reino de León, llamado Paredes de
Nava (la villa debió su origen a antiguas construcciones castrenses, de
donde viene su nombre "Paredes", en tanto que "Nava" significa llanura
en lengua vasca y majada en hebreo).
Fue bautizada en la parroquia de Santa Eulalia al cumplir diez
días (el mismo lugar donde nacieron y se bautizaron genios del
Renacimiento español como Pedro Berruguete y su hijo Alonso, o Jorge
Manrique, autor de "la mas bella poesía del Parnaso castellano de la
Edad Media", según Marcelino Menéndez y Pelayo).
Haciendo valer el contenido del viejo proverbio "Una madre vale
mas que cien maestros", muchos biógrafos aciertan a observar que en la
idiosincrasia de la madre de José radicaron las razones más profundas de
la nobleza y el desinterés del Emancipador. A los seis años, quedó
huérfana de madre. A los treinta, aún soltera, viajó al Río de la Plata
con su primo Jerónimo Matorras, ilustre personaje que aspiraba a
colonizar la región chaqueña, obteniendo para el logro de esa empresa el
título de gobernador y Capitán General de Tucumán. Antes de emprender
el viaje obtuvo Matorras licencia, otorgada el 26 de mayo de 1.767, para
traer consigo a su prima Gregoria, a su sobrino Vicente y a otras
personas.
Llegada a Buenos Aires con don Jerónimo en 1767, fue el azar o la
añoranza de su Tierra de Campos lo que le motivó a reunirse con
paisanos. Así empezó a relacionarse con un bizarro capitán, oriundo de
un pueblo próximo al suyo, que luego sería su esposo. En poco tiempo, se
onocieron, se amaron y se prometieron.
Pero, como el deber de las armas llevó al novio a un destino en
las Misiones Jesuíticas del norte, la novia hubo de casarse, por poder,
con un representante de su marido el capitán de dragones D. Juan
Francisco de Somalo, el 1 de octubre de 1770, con las bendiciones del
obispo de Buenos Aires, don Manuel de la Torre, también oriundo de otro
pueblo palentino, Autillo de Campos. La escritura, otorgada por don Juan
cuatro meses antes de la celebración, "por palabra de presente como
ordena Nuestra Santa Madre, la Iglesia Católica Romana", se refiere a la
novia con estas palabras: "doña Gregoria Matorras, doncella noble, con
quien tengo tratado, para más servir a Dios Nuestro Señor, casarme".
Es revelador conocer el testamento de doña Gregoria para
vislumbrar su personalidad. firmado en Madrid, el año 1803, diez antes
de morir. En el mismo se puede leer: "En el nombre de Dios Todopoderoso y
de la Santísima Reina de los Angeles, María Santísima, Madre de Dios y
Señora Nuestra, amen. Sépase por esta pública escritura de testamento
(...) como yo, Doña Gregoria Matorras, viuda de Don Juan de San Martín
capitán (...). Teniéndome la muerte, como cosa natural a toda creatura
viviente, su hora tan cierta como incierta la de su advenimiento (...)."
En sus palabras se destacan una serenidad firme ante la muerte,
una intensa fe religiosa y una gran reciedumbre de carácter. De hecho,
los escritos de doña Gregoria y don Juan son testimonios de tales rasgos
que, junto al amor por las Indias, eran principios que transmitían
cuidadosamente a sus hijos, aunque de un modo muy particular fueron
desarrollados por el general.
En otra parte del documento, se entrevé cierta predilección hacia
José Francisco; porque, tras referirse a provisión económica destinada a
la atención de las necesidades de sus hijos mayores, Manuel Tadeo, Juan
Fermín y Justo Rufino, "para su decoro y decencia en la carrera
militar", destaca que el que más le había costado era Justo Rufino,
"actualmente guardia de Corps en la Compañía Americana", pues
principalmente con él "se han gastado muchos maravedíes". A lo que
añade, con entrañable acento: "Pero sí puedo asegurar que el que menos
costo me ha tenido ha sido don José Francisco." ¿Cómo explicar esto,
sabiendo que éste tomó lecciones de guitarra del compositor don Fernando
Sors; que reunió una gran biblioteca, cuyo valor equivaldría a su
sueldo integro de militar durante tres años; que tomó lecciones de
canto, que nunca pidiera dinero a sus padres? El aparente misterio se
aclara, si aceptamos que obtenía ingresos extra con actividades
artísticas, que percibía, tal vez, de sus amigos y comerciantes de la
logia de los "Caballeros Racionales", asamblea de inspiración
francmasónica a que pertenecía. En efecto, en una de sus cartas
comentaba que, si fracasaba en la carrera de armas, siempre podría
ganarse la vida pintando paisajes de abanico. De hecho, la bandera de
los Andes pintada al gouache él por nos le revela como avezado pintor.
No obstante, como militar decimonónico, tuvo el pundonor de ocultar sus
trabajos manuales como medio de obtener ingresos; y es que, en general,
lo artesanal y las actividades mercantiles estaban mal vistas en aquella
época. Doña Gregoria tuvo otro hermano, presbítero, llamado don Miguel,
capellán de numero de la Santa Iglesia Catedral de Palencia,que aparece
citado en documento de su esposo, autorizándole a administrar su bienes
raíces adquiridos por herencia, sitos en Paredes de Nava. Tenía también
otros hermanastros -pues el padre enviudó y volvió a casarse- que
alcanzaron importantes puestos en la sociedad, como don Andrés,
procurador de tribunal civil, don José, medico cirujano, y don Simón,
medico de cámara de la reina Isabel II.
Desde que don Juan falleciera en Málaga a los sesenta y ocho años,
teniendo José Francisco dieciocho, doña Gregoria no estuvo sola.
Siempre le acompañaba el matrimonio formado por su hija María Elena y
don Rafael González Menchaca, empleado de rentas, que le dio a su nieta
Petronila.
La muerte de dona Gregoria acaeció en Orense ( Galicia) el primero
de junio de 1813, donde estaba destinado don Rafael. Tanto él como
María Elena cumplieron los deseos de su madre, que había expresado en el
mencionado testamento, la voluntad de que su cuerpo "sea amortajado con
el habito de Santo Domingo de Guzmán". Ambos habían profesado en la
Orden Tercera de Santo Domingo, en cuyo convento orensano fue inhumada.
En ese mismo año, don José Francisco de San Martín y Matorras se
manifestaba por primera vez como triunfador de la causa de la
Emancipación americana, en combate de San Lorenzo, demostrando una valía
militar extraordinaria.
Contemplando el pasado del general, sus raíces, cimentadas en la
aguerrida tierra palentina donde sus padres nacieron, y estableciendo
sus virtudes humanas en un cristianismo auténtico, e comprende mejor
como: "De azores castellanos nació el cóndor que sobrevoló los Andes"
(lema de la casa- solar de los San Martín, en Cervatos de la Cueza).
Los Hermanos: María Elena, Manuel Tadeo, Juan Fermín y Justo Rufino
Del matrimonio contraído entre don Juan de San Martín, ayudante
mayor de la Asamblea de Infantería de Buenos Aires, y doña Gregoria
Matorras, nacieron en la Real Calera de las Vacas, jurisdicción de la
parroquia de Las Víboras -actualmente en la República Oriental del
Uruguay- sus hijos María Elena (18 de agosto de 1771), Manuel Tadeo (28
de octubre de l772) y Juan Fermín (5 de febrero de l774).
Trasladada la familia al departamento de Yapeyú, donde don Juan
fue designado Teniente de Gobernador, nacieron los otros dos hijos:
Justo Rufìno (l776) y José Francisco (25 de febrero de l778).
Se casó en Madrid el 10 de diciembre de 1802 con Rafael González y Alvarez de Menchaca.
En su testamento, el Libertador estableció: "... es mi expresa
voluntad el que mi hija suministre a mi hermana María Elena una pensión
de mil francos anuales y, a su fallecimiento, se continúe pagando a su
hija Petronila una de doscientos cincuenta hasta su muerte, sin que para
asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesario otra
hipoteca, en la confianza que me asiste de que mi hija y sus herederos
cumplirán religiosamente ésta mi voluntad". (París, 23 de enero de
1844).
María Elena falleció en Madrid el año 1852.
Como María Elena, nació en Calera de las Vacas, territorio de Misiones del Uruguay el 28 de octubre de 1772.
La hoja de servicios de Manuel Tadeo le presenta robusto y de
corta estatura.Tuvo especial gusto por la música, acaso originado en el
Colegio de San Telmo, de gran prestigio entonces, al que pudo asistir
desde su llegada a Málaga, y también debe suponerse que como José
Francisco fuera un buen matemático, pues desde sus primeros años de
oficial se le dieron cargos de artillería, arma facultativa, ya entonces
muy científica y, por ello, solo accesible a los técnicos y marinos.
Del mismo modo que todos sus hermanos varones, siguió la carrera
de las armas, iniciándose en el Regimiento de Infantería Soria, "El
Sangriento". en el que ingresó como cadete en 1788. Con dicha unidad
tomó parte en la campaña de Africa (l790), participó en las campañas de
Ceuta y de los Pirineos Orientales (l793-l794). Quedó prisionero de los
franceses, junto con su regimiento, al rendirse la plaza de Figueres.
Firmada la Paz de Basilea (julio de 1795) fue liberado. Concluida la
guerra contra Francia, sirvió como maestro de cadetes durante dos años y
medio y fue comisionado, por el término de nueve meses, en el reino de
Murcia en persecución de malhechores y contrabandistas.
Al iniciarse el siglo XIX obtuvo el grado de capitán y pasó a
revistar en el Regimiento de Infantería Valencia. En 1806 fue agregado
al Regimiento de Infantería de la plaza de Ceuta.
Participó en la guerra de la Independencia y luchó contra los
franceses; el 16 de setiembre de 1808 fue nombrado ayudante de campo del
general conde de Castrillo y Orgaz, revistando en los ejércitos del
Centro, Extremadura, Cataluña y Valencia. Participó en las jornadas de
Tudela, Navarra, Ciudad Real y en la retirada de Despeñaperros. En los
últimos años de esta guerra se halló en el sitio y defensa de Valencia.
Se graduó de coronel en 1817; revistó en el Regimiento de
Infantería León y, en 1826, se le concedió el gobierno militar de la
fortaleza de Santa Isabel de los Pasajes, en San Sebastián. Falleció en
Valencia en 1851.
Juan Fermín Rafael
Ingresó como cadete en el Regimiento de Infantería Soria el 23 de setiembre de 1788, en el cual revistó durante catorce años.
Permaneció luego tres años en el Batallón Veterano Príncipe
Fernando. Luego pasó a la caballería, prestando servicio en el
Regimiento Húsares de Aguilar y, posteriormente, en el Escuadrón Húsares
de Luzón, con destino en Manila, Filipinas. Según su foja de servicios,
se encontró en la plaza de Ceuta; hizo la guerra contra Francia desde
el 17 de julio de 1793; estuvo en la retirada del Rosellón en mayo de
1794. Continuó en el mismo regimiento incorporándose a la guerra
marítima y participó en la batalla naval del 14 de febrero de 1797,
contra los ingleses.
En el año 1802 se trasladó a Filipinas, donde contrajo matrimonio
con Josefa Manuela Español de Alburu. Falleció en Manila el 17 de julio
de 1822.
Los descendientes de Juan Fermín Rafael eran hasta hace unos pocos
años los únicos miembros de la familia comprobados que seguían con
vida.
Justo Rufino
El 18 de agosto de 1793 solicitó ingresar en el ejército español
siendo admitido en el Real Cuerpo de Guardias de Corps el 9 de enero de
1795. Permaneció en ese cuerpo durante trece años, en cuyo transcurso
fue ayudante de campo del marqués de Lazán y ascendido a teniente el 9
de enero de 1807.
Posteriormente se incorporó al Regimiento de Caballería Húsares de Aragón, con el grado de capitán.
Asistió a los acontecimientos de Aranjuez (mayo de 1808); al
ataque y defensa de Tudela (junio de 1808); a los dos sitios de Zaragoza
(1808 y 1809), donde fue hecho prisionero cuando se rindió la ciudad.
Fugó de sus captores y se presentó al gobierno, que lo destinó -ya
graduado de teniente coronel- junto al teniente general Doyle.
Participó en la destrucción del fuerte de Sant Carles de la Rápita
y asistió al sitio de Tarragona.Falleció en Madrid en 1832. Fue el
único de los hermanos varones que estuvo junto a José Francisco durante
su período de ostracismo en Europa.
Árbol genealógico
M.D